Medicina estética y perfección

Medicina estética y perfección

Galeria-dellAccademia“(…) Soy un hombre que busca la perfección en mi vida, en mi trabajo, y quiero un cuerpo perfecto. Por eso voy al centro X de medicina estética”.

Algo como esto era el reclamo publicitario de un centro de medicina estética, que no hace mucho alcancé a escuchar a través de la radio. Un cuerpo perfecto. La estética perfecta.

Ante tal premisa, a mí particularmente me surgen diversas dudas: ¿Cuál es la estética perfecta? ¿Existe la perfección en la estética?  ¿Algo bello puede ser perfeccionable?

Como médicos estéticos es obvio, y queda fuera de dudas, que empleamos todo lo que la buena praxis nos indica como correcto en técnicas y tratamientos pero… ¿nos garantiza un resultado perfecto?

Ya es difícil definir belleza como para encontrar una definición de perfección o, mejor aún, de belleza perfecta. ¿Qué es esto?

Podríamos tal vez valorar la perfección estética basándonos en los cánones de medidas antropométricas que han sido propuestas a lo largo de la historia del arte, pero algunas de las mejores obras artísiticas carecen de perfección si las juzgamos bajo estas premisas. Una muestra de ello es, por ejemplo, el David de Miguel Ángel, cuyas manos son desproporcionadamente grandes al comparar sus medidas con el resto de la figura.

Algunos estudiosos alegan que esta desproporción se hizo a conciencia para transmitir sensación de poder. Otros expertos sin embargo, alegan que de ser esto cierto, el propio autor lo habría dejado escrito para así acallar comentarios y rumores sobre posibles defectos en sus obras (menudo era para esto Miguel Ángel…).

Sin embargo, tal documentación no existe, por lo que lo más probable es que fuere un error de apreciación del propio escultor. Pero esta equivocación no desmerece ni un ápice en la belleza del conjunto y quien lo admira no repara en tal “imperfección”.

Otro ejemplo es la longitud de los miembros inferiores de la Venus  de Botticelli, desproporcionada en relación con el tronco y miembros superiores. En este caso, tal desproporción sí que es buscada, ya que se consideraba (y aún se considera) como patrón de belleza a las piernas alargadas en el cuerpo femenino (la posición de puntas en las bailarinas de ballet, además de ser una tortura, no busca sino aumentar ópticamente la longitud de las piernas, rompiendo la proporción con el tronco). Sin embargo, tampoco aquí la desproporción no resta belleza a la figura.

Ejemplos como estos existen cientos en la producción del arte, tanto en pintura como en escultura. Son obras que la humanidad ha admirado y seguirá admirando por su belleza, a pesar de los defectos métricos que en ellas puedan ser encontrados.

Pero  entonces… si no son perfectas, ¿por qué son  bellas? No lo sé. Sólo sé que en mi búsqueda de la belleza en mi ámbito laboral persigo  la armonía, la elegancia, la naturalidad. La perfección, si es que existe, ni la busco ni me importa.

 

Cisem Clínica Estética – Sevilla