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Qué tiene dentro la clínica que factura 25.000 euros al mes
La facturación media de una clínica de medicina estética «tipo» se sitúa entre 25.000 y 30.000 euros mensuales. Esa cifra solo sirve para comparar cuando se sabe qué centro hay detrás.
En nuestros módulos de gestión de clínicas en la Universidad explicamos este concepto con precisión. Una clínica tipo tiene unos 120 a 150 metros cuadrados y del orden de 4 a 5 boxes o cabinas de tratamiento. Los metros fijan el alquiler y la obra; los boxes, cuántos tratamientos caben a la vez.
Al abrir, la clínica ha hecho una inversión inicial que se amortiza a lo largo de los años y que se concentra en tres partidas: la adecuación del local, la maquinaria y el mobiliario. Antes de comparar tu facturación con esos 25.000 euros, pon al lado tus metros, tus boxes y esas tres partidas.
Fondo de maniobra: el año que tardan los ingresos en cubrir gastos
Con la clínica abierta y en marcha, el volumen de ingresos necesita un recorrido para soportar el nivel de gastos. Durante ese periodo, la clínica se sostiene con el llamado fondo de maniobra. Es la caja que paga nóminas, alquiler y producto.
Hay que acertar en la ubicación, en la carta de servicios y tratamientos, en los productos que se aplican, en la política de precios y en la selección y formación del personal. Con esas cinco decisiones bien tomadas, los ingresos tardan del orden de un año completo en cubrir los gastos. Ese año hay que tenerlo financiado antes de abrir.
Salvo que la capacidad financiera sea muy solvente, recomendamos incorporar los perfiles profesionales de manera paulatina. En una apertura hay dos puntos de partida: un médico que abre su propia clínica o un emprendedor sin título sanitario, que debe contratar a un director o directora médica, garante de la praxis asistencial del centro.
Recomendamos situar la nueva clínica a pie de calle, un modelo probado de comercio minorista que facilita el paso y el acceso de pacientes. Una vez lanzada, la plantilla que cubre todo el horario y todos los servicios es de tres personas en adelante, y la facturación crece después en función de la cartera de tratamientos. Doce meses de esas tres nóminas, más alquiler y producto, son el fondo de maniobra.
Máquinas de 60.000 a 150.000 euros: la demanda decide cuál se amortiza
La rentabilidad de la cuenta de explotación no depende de haber comprado una máquina de 60.000, 100.000 o 150.000 euros. Depende de cuántas sesiones de ese tratamiento entran en la agenda cada mes, porque detrás de toda vocación hay unos recursos económicos limitados.
En todo el país hay cientos de clínicas con cientos de máquinas almacenadas sin uso, cuya elevada inversión no ha resultado rentable, por motivos variados. El principal es la falta de demanda del tratamiento que realiza esa aparatología, una demanda que no se comprobó antes de la compra.
La comprobación se hace antes de firmar el pedido: cuántos pacientes piden hoy ese tratamiento y cuántas sesiones caben en las horas libres de tus boxes. Esa cuenta, y no el catálogo del fabricante, dice si el equipo se paga solo.
Del tercer año en adelante: de 25.000 a 30.000 euros al mes
En torno al tercer año, la clínica factura del orden de 25.000 a 30.000 euros mensuales de media. El consumo varía a lo largo del año, así que la estacionalidad se prevé en un plan comercial que mantenga estable la facturación.
En otros casos, la facturación en ese plazo supera esa media y se sitúa entre 50.000 y 80.000 euros mensuales, según diversas variables. Las separan las mismas cinco decisiones del primer año: ubicación, carta de tratamientos, productos, precios y equipo.
Siempre con la premisa de la praxis segura y la ética profesional, la medicina estética sigue siendo rentable en España, y por eso grandes cadenas y grupos de inversión mantienen un interés constante en el modelo de red. Para un emprendedor pequeño, nuestra recomendación profesional es prudencia en las inversiones, en especial en adecuación del local y en maquinaria, al menos durante los primeros meses.
El orden sale solo: primero el fondo de maniobra, después la cartera que llena los boxes y, cuando lo justifique, la máquina.