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Quién puede manejar cada aparato y con qué acreditación
En una clínica de medicina estética, numerosos equipos de aparatología y maquinaria médica pueden manejarlos otros perfiles profesionales, además del médico. Para ello, esos profesionales deben recibir la cualificación que imparte el propio proveedor de la tecnología y trabajar siempre bajo estricta supervisión médica.
Quién maneja cada equipo lo decide la ficha técnica: la naturaleza de cada máquina y sus especificaciones determinan qué profesional debe ejecutar el tratamiento. Un tratamiento reservado al médico ocupa horas de su consulta; en manos de una enfermera acreditada, esas horas quedan libres.
En otros casos, según la cualificación y la experiencia de los perfiles contratados o por incorporar, se requiere una formación específica, intensiva y extensa. Su alcance depende de las funciones o tareas que cada profesional vaya a desarrollar. El inventario se hace máquina por máquina: qué exige cada ficha técnica, quién tiene ese aparato acreditado y qué formación queda pendiente.
Régimen general o contrato mercantil: lo que mira una inspección laboral
Para asistir al médico estético durante la praxis, lo habitual es contratar a una enfermera o, en su defecto, a una auxiliar de clínica. Al tratarse de personal sanitario, su alta debe comunicarse obligatoriamente a Sanidad.
Quien trabaja con los horarios, la aparatología y los recursos de la clínica debe estar dado de alta en el régimen general de la Seguridad Social. Es la fórmula válida en este marco de actuación, frente a los contratos mercantiles con colaboradores externos que facturan como autónomos.
La diferencia aparece en una inspección laboral: esos colaboradores se consideran a todos los efectos «falsos autónomos», y la sanción por esa irregularidad recae sobre la empresa. La revisión se hace puesto por puesto: quien cumple el horario del centro y usa sus equipos va en el régimen general.
Historias, facturas y presupuestos: la formación que completa a la auxiliar
Las tareas exclusivamente administrativas, comerciales o de gestión son, con frecuencia, las que menos atención reciben en las clínicas de medicina estética.
La primera es el registro de las historias de los pacientes, con su archivo y su expurgo. Un archivo ordenado agiliza la búsqueda del material clínico con el que se prepara la agenda de cada día y permite un control total de los tratamientos realizados a cada paciente y de su evolución en el tiempo. Uno desordenado se paga en minutos de consulta.
La formación de una auxiliar de clínica no incluye competencias administrativas ni comerciales. Abarcan el conteo, la organización y el archivo de facturas, el arqueo de caja, la defensa del presupuesto tras el diagnóstico médico, la atención al cliente y su seguimiento.
La defensa del presupuesto es la que más se nota en la caja: el diagnóstico médico termina en una propuesta de tratamiento, y quien la explica en el mostrador decide si se convierte en cita. El reparto conviene escribirlo puesto a puesto: quién archiva, quién cuadra la caja, quién explica el presupuesto y quién llama al paciente que no ha vuelto.
Ética médica y cuenta de resultados: la clínica avanza con las dos
Esas tareas sostienen la cara empresarial de la clínica. La apertura de una clínica de medicina estética exige un gran esfuerzo de formación avanzada y de inversión, y ese esfuerzo justifica gestionar con el mismo rigor la parte empresarial del centro y la médica.
Se da por supuesto que los empresarios médicos aportan el pilar de la praxis asistencial. La clínica funciona además como una unidad de negocio que necesita sostenerse y generar ingresos que aseguren su continuidad. La formación administrativa, comercial y de gestión del equipo es tan irrenunciable como su cualificación técnica, porque la clínica avanza con las dos áreas en equilibrio.
Conviene tenerlo presente: la ética médica es plenamente compatible con la rentabilidad empresarial. De hecho, en cientos de miles de empresas, una mayor facturación amplía la posibilidad de destinar parte de los beneficios a acciones sociales, y devolver así a la sociedad parte de lo que ha generado.
Formar a la plantilla y cubrir las necesidades formativas de la clínica es sencillo con profesionales cualificados, con dilatada experiencia en clínicas, y los resultados se aprecian incluso a corto plazo. El punto de partida cabe en una hoja: cada puesto en una columna, su aparato o su tarea en la siguiente y la formación pendiente en la tercera.